El 10 de marzo de 2010, durante el toque de queda que rigió luego del terremoto de aquel año, efectivos de la Infantería de Marina detuvieron y golpearon hasta la muerte a David Riquelme Ruiz, poblador de Hualpén que había salido de su casa a comprar cigarros. Su amigo, Iván Rojas Araneda, sobrevivió y se arrastró desde la cancha donde los habían tirado hasta una casa cercana para pedir ayuda. Este relato del horror nos resulta conocido, sin embargo parece anacrónico. ¿Seguro que hablamos del 2010? Pues sí, aunque en principio nos remita a un relato de tiempos de dictadura, donde era común que se abandonaran cuerpos en canchas y sitios aledaños a poblaciones. Este hecho hace que nos cuestionemos si acaso corresponde a una práctica enseñada conscientemente al interior de instituciones militares, o si bien se trata de historias de “gallardía” de las que se jactan algunos de sus antiguos integrantes. Como fuera, hace pensar qué tipo de narrativas se dan en estos espacios y desde qué principios se aprenden. En la acción se utilizó cal, polvo con el que se trazan las canchas de fútbol, pero que también se usa para cubrir los cuerpos y así evitar olores en su descomposición. Con ello se escribió sobre el suelo la siguiente frase: “2010. Aquí se mató como se mataba en dictadura”.